Luis Gerónimo Paredes Robles
Paraíso Tropical Andino es el título del último libro del poeta y traductor Jorge Alejandro Ccoyllurpuma (Cusco, 1987) libro que a su vez es un aerosol de colores, un parque de animales que han tomado la voz del hombre para descubrir y describir su naturaleza, es también un libro que ha logrado fusionar con éxito la totalidad de su obra editada hasta el día de hoy. El mundo ha parado en seco para volverse en sentido contrario. Es la revelación del nuevo tiempo que desde los andes peruanos convierten la palabra en un rito y las metáforas en castillos de carrizos con papeles multicolores y pólvoras de fiesta.
En la poesía de Jorge Alejandro, Cusco es la célula madre, la nave nodriza, la gran estrella. Cusco es también el punto de partida desde el que se expande el yo poético, y que como un río de lava desciende y se propaga por los antiguos trayectos del Tawantinsuyu: “vengo desde el Perú, / trayéndoles el saludo del Apu Ausangate, / ofreciéndoles desde el Cusco esta corona de flores que es mi corazón” (p. 52).
La poesía de Jorge Alejandro no es intelectual ni tampoco pretende serlo, más bien es una poesía que rehúye de usar recursos que degeneren su verdadero propósito. Podemos hallar en sus poemas y al final de todos ellos un sincero “júbilo epistemológico”. Ya Todorov había reconocido que la razón de un elemento de la obra es su capacidad de entrar en correlación con otros elementos de esta misma y sobre todo con la obra en su totalidad, y eso es algo que en este libro se ha conseguido con innegable capacidad, pues además, también ha logrado capturar la atención del lector para llevarlo irremediablemente al auto reconocimiento, entretejiéndolo entre sus formas y sus delimitaciones, cumpliendo honradamente con el fin de todo quehacer artístico o poético que es, el de inducirnos a la catarsis.
El equilibrio intertextual es evidente, hay consistencia, ritmo y camino, hay belleza en la descripción de la pérdida: “Tu muerte ha sido una explosión masiva de nubes / una extensión feroz de mis costillas / la celebración de todas las partículas dulces / la germinación de todas las semillas más fuertes / la libertad de cada uno de tus átomos.” (p. 89) También hay humildad y resignación: “Y cuando entienda que es imposible cambiar el curso del río con una patada / destejeré los nudos / dejaré de ahorcarme / le devolveré la condición flexible a los relámpagos.” (p. 91) Y por supuesto, honestas ofrendas bilingües a nuestra cultura andina: “Ay, Qhapaq Ñust’a Mamallay, / Pachamama, quisiera componerte un huaynito para relajarnos / mientras observamos la gran transformación cíclica del mundo, / Pachamama, / Hatun Karay Allin P’istuq Mamallay.” (p. 103) Y como en toda poesía de Jorge Alejandro también se respira aires de resistencia: “Me han iluminado los flashes del primer mundo / y ya no he agachado mi cabeza / sino que la levanté sintiendo el viento propio de mis alas.” (p. 140)
Finalmente, Paraíso Tropical Andino es un concierto de huayno, una montaña donde las aves y el violín sincronizan en pleno vuelo, es también un himno al Cusco, al Perú y al mundo. No hay latencia, solo continuidad ininterrumpida. Existe una declaración directa y abierta de la relación entre el poeta, la naturaleza y su sexualidad; diálogos manifiestos que enriquecen la simbología de la cosmovisión andina. La victoria está escrita y el triunfo del hombre de los Andes es solo cuestión de tiempo, tal como se presagia en el poema “Contemplación del astro que desaparece cuando se lo nombra” que finaliza diciendo: “Y que la música, / la ceremonia y el mito aparecerán en un escudo / sobre esa bandera que flameará en las montañas / cuando se declare la victoria de los nuestros”.





