Lejos de mitigar esta situación, las políticas del Gobierno se suman al deterioro de los indicadores laborales y sociales al generar un entorno negativo para la inversión y la generación de empleo.
“Hoy hambruna les va a dar solamente a los que no trabajan, a los ociosos” ha sido quizá la frase más desafortunada del presidente Pedro Castillo. Esto refleja un alto grado de desconocimiento de la realidad nacional. Lo que dice el mandatario no refleja lo que sucede en el mercado laboral, que muestra que el peruano quiere trabajar, pero no encuentra empleo. En el cuarto trimestre del 2021, la tasa de desempleo urbano fue de 5,4%, es decir, alrededor de 800 mil personas desean laborar, pero no hallaron oportunidades. La recuperación del mercado laboral urbano se ha dado en condiciones precarias, con un incremento del empleo informal y niveles de ingreso todavía 10% por debajo de los niveles prepandemia.
Esta evolución del mercado laboral ha incidido en que la tasa de pobreza se mantenga en 26%, por encima de su valor del 2019 (20%), y que hoy 420 mil peruanos más en extrema pobreza no puedan cubrir su gasto en alimentos. En estas familias, la causa de sus dificultades económicas está lejos de ser la ociosidad. De hecho, el porcentaje de la población en extrema pobreza que trabaja es similar al de la población no vulnerable de ingresos más altos. Sin embargo, sus ingresos son significativamente más bajos porque solo pueden acceder a trabajos de baja productividad, en su gran mayoría en el sector informal. Además, para compensar estos bajos ingresos, aproximadamente la mitad de los jóvenes menores de 17 años de las familias en extrema pobreza se ven obligados a buscar trabajo.


