“Gobernantes cortoplacistas, irresponsables, mediocres y corruptos están destruyendo no solo el presente, sino la posibilidad de un futuro mejor para el Perú”, explica Carlos Basombrío Iglesias
Casi nadie lo debe recordar, porque nunca salió del “otros” en las encuestas, pero Vladimir Cerrón fue candidato a la presidencia en el 2016 y uno de sus planteamientos centrales fue la estatización de la minería, comenta el sociólogo Carlos Basombrío Iglesias en su columna de opinión emitida por el diario El comercio. Lo ratifica en el ideario de su partido, que convirtió en el programa oficial para la candidatura de Pedro Castillo: “La estatización o nacionalización de los principales yacimientos mineros, gasíferos, petroleros y centros energéticos, es lo que garantizará dar uso a nuestros recursos con la soberanía del caso. El Estado debe tomar el control total sobre tres importantes sectores que generan riqueza inmediata”. Cerrón es dogmático e híper ideologizado y no va a cambiar de opinión. Si ya en el Gobierno no se ha atrevido a repetir lo que piensa, es porque espera el momento oportuno, dado que “la correlación de fuerzas” es “aún” desfavorable a ese objetivo, agrega el especialista en sociología. Pedro Castillo puso lo suyo. Advirtió desde el inicio que de ninguna manera irían Conga y Tía María. A su vez sus dos primeros ministros, Guido Bellido y Mirtha Vásquez, venían de una larga tradición de activismo antiminero en Chumbivilcas y Cajamarca, respectivamente.
Si a ello le sumamos que la obligación de todo Gobierno de mantener el orden público en el marco de la ley es vista por ellos como “criminalización de la protesta social” –Vásquez es incluso autora de un libro con ese título–, se produce un cóctel explosivo de demandas imposibles que ha causado situaciones de crisis muy importantes, en la principal fuente de ingresos del Estado Peruano (el 43% del impuesto a la renta) y en el principal producto de exportación (US$ 39.637 millones en el 2021, el 70,4% del total), nos contextualiza el experto.


